Le tapamos parte del dato
La red recibe la entrada con huecos y la consigna de reconstruir lo que falta. Nadie le dice cuál es la respuesta correcta.
Buscamos los procesos que todavía dependen de papel y de memoria. Los automatizamos con redes que entrenamos nosotros.
Redes profundas propias, con aprendizaje auto-supervisado. Nadie se sienta a etiquetar datos: la red arma su propia supervisión.
Pérdida vs. pasos de entrenamiento
La red recibe la entrada con huecos y la consigna de reconstruir lo que falta. Nadie le dice cuál es la respuesta correcta.
Para acertar tiene que haber aprendido cómo se relacionan las partes entre sí. Eso es lo que queremos que aprenda.
Contrastamos la reconstrucción contra el dato real que habíamos escondido. La diferencia es lo que la red usa para corregirse.
Esa diferencia corrige los pesos y vuelve a empezar. Sin etiquetas, el entrenamiento escala con la cantidad de datos, no con la de personas.
ClinIAuditor, el auditor médico de ClinIA. Revisa la historia clínica para que la obra social no debite la práctica.
Auditá las historias clínicas de marzo antes de que salga la facturación.
Marca lo que falta, sugiere cómo completarlo y cita la normativa. La decisión final la toma siempre una persona.
Visión y control para reconocer, localizar y manipular objetos en entornos reales.
Sistemas capaces de transformar una decisión algorítmica en una acción física precisa.
Modelos embebidos que infieren y responden localmente, sin depender de la nube.
Celdas que ejecutan la decisión que tomó el modelo, sin operador en el medio.
Edificios que responden a lo que pasa adentro, no a un horario cargado a mano.
Miles de sensores hablando el mismo protocolo, con el dato llegando limpio.
Instrumentación a la escala donde la medición es el producto.
Todo lo de arriba existe para que ClinIA funcione. Es el único producto que tenemos y está en producción.

Gestión sanitaria completa. Los pacientes sacan y confirman turnos desde el celular, con recordatorios, asistente por WhatsApp y turnero con llamado por voz.

Los datos del centro procesados en tiempo real y convertidos en tablero. Detecta patrones y anomalías, y sugiere qué hacer con ellos.

Auditoría médica asistida. Revisa la historia clínica citando normativa de SADI, SATI, OPS y OMS, del lado del prestador o del financiador.
El 20% de las tareas de una operación explica el 80% del resultado. Ese 20% es lo que desmaterializamos primero.
Entramos al proceso físico y ubicamos dónde se pierde el tiempo, el dato o la plata.
Nos quedamos con las tareas que concentran el impacto, no con las más fáciles de automatizar.
Lo que era papel, traslado o memoria de alguien pasa a ser dato con estructura.
Sobre ese dato corre el modelo, y el proceso deja de necesitar que alguien lo empuje.
La mezcla no es casual. Para desmaterializar un proceso hay que haberlo vivido desde adentro.
Quien atendió pacientes es quien define cómo se ve una historia clínica.
El dato de campo y el de un centro de salud comparten problema: llegan sucios.
Latencia cero no es una frase. Es saber dónde se corta el enlace.
Producto propio significa que no hay a quién reclamarle.
Facturarle a PAMI y a obras sociales es un problema contable antes que técnico.